Harry Potter and the Deathly Hallow: Part 1 (Harry Potter y las Reliquias de la Muerte: Parte 1)

Por fin nos acercamos al final de esta larguísima saga, y en estos momentos podemos notar desgaste, agotamiento, cansancio y ganas de no tener que volver a ver una película de Harry Potter nunca más (a menos que sea como “El prisionero de Azkabán”). Pero queda una y hay que hacer el sacrificio.

Primero, les diré que me molesta mucho que la dividan en dos. No tengo tanto dinero como para ir al cine todos los días. Pero espero que valga la pena y no dejen cosas afuera para poner más chistes sin gracia y escenas miserables (véase Harry Potter and the Half-Blood Prince). A mí parecer, toda la historia ya está muy estirada. Me aburre. Y ya no soporto ver a Harry con su cara de pendejo con mala suerte. Después de verlo sufrir por casi doce horas, siento ganas de golpearlo.


Bueno, vamos al film que es lo importante. No es ninguna maravilla, pero tiene sus escenas memorables: la fábula de los tres hermanos muy bien proyectada en estilo pseudo-gótico que recuerda mucho a Tim Burton, las apariciones de Emma Watson que vuelve a robarse la película y alguna otra más con lindos efectos especiales.


Las escenas con el trío de amigos han empezado a cansar demasiado. Parece que todo lo hemos visto antes, que ya no tienen nada nuevo, y otra vez gastan espacio en algunos chistes sin sentido, muy adolescentes, que aburren. Por favor, cánsense. Las relaciones no se me hacen bien exploradas, salvo Hermione y Ron.

Eso es todo lo que voy a decir. Ya falta menos. Mi sensación es que el film quedó incompleto (obviamente) y eso molesta. Mucho. Por cierto, David Yates sigue en deuda.


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